lunes, 30 de abril de 2012

Versión acústica del deseo.


Tu experiencia de dualidad, fue lo que escribí el mes pasado. No importa el porqué, no importa fundamentar cada paso, cada beso, cada estribillo. La interpretación de tus dudas podría cuestionarse con un “para que” quizás.
No hay otro único despertar como ese de hace casi 26 años, no hay otro inicio de pasos con caídas, no hay otra expresión festejada, y mucho menos no hay otro deseo tan espontáneo  como el que descubrimos.
En las charlas de bares siempre me reí de los comentarios de improvisados astrólogos  bajo el efecto de algunas copas, pero hoy buscando en esa vieja agenda marrón que nunca quise tirar te volví a ver, ahí, en la primera letra. Vos, tu nombre, tu número y si, él signo.
Recorrí las hojas entre risas y dudas.
Tenía dos opciones, la primera y la más tentadora, olvidarme de las casualidades y hundirme por completo en tu mirada, la segunda y como todas las segundas partes, aburrida, aceptar la realidad y olvidarte.
En la aceptación de la realidad la cual es amiga de la conformación social hay una sensación tan estática que causa un desinterés pleno, el vaivén del mar fue el que elegí.
Creamos ese espacio tan perfecto y dinámico que olvidamos que la imperfección es la virtud del humano y que los movimientos son el inicio de cualquier tipo de acción. El golpe fue tuyo, la culpa y el aburrimiento también.
Todos los colores que tenías fueron en un segundo el gris más falso y frío. Yo, roja, no me conformo, no repito la frase convencedora frente al espejo, no me encierro en la rutina de la pasión. ¿Rutina de la pasión?
Quedándote o yéndote, como esa canción fue mi pensamiento cuando te leí.
Dude todos los días del durante, pero en ese instante, después de que ese día me dijeran dos veces la misma palabra relacionada con la oscuridad tuve la seguridad más concreta.
No estaba de acuerdo, moría por enredarme entre tus telas, por dejarte callado cada vez que intentes decirme algo, por provocarte las carcajadas que solías darme bajo la luna, imperfectas, sinceras. Lo decidimos, chau.
Ahí estábamos, un escenario simbólico, un encuentro ficticio, un beso fugaz. De pronto el lugar se lleno de humo, de una suerte de brisa constante.
Todos corrían, menos yo, menos vos.
El empujón de ese hombre tan alto me llevo de nuevo a tus brazos. Nos miramos englobando todo el verbo en su mayor potencia, nos deseamos como ese día de febrero, como en el juego de palabras inventado por vos para romper el hielo, como en el juego aleatorio.
Me abrazaste, ¿quizás para esquivar mi mirada devoradora?
Contradiciéndote con mi pronóstico y desmintiendo la pregunta anterior, me agarraste de la mano apretándola, haciéndome sentir tu latir.
En la noche nos perdimos, bajo las estrellas recordamos la pasión, bajo la brisa, inventada por los dos como la excusa más magnifica de escape, nos unimos bajo el agua del placer.
Nunca nos alejamos, nunca apagamos el fuego, solo sonreímos desde lejos, creando charlas mentirosas para cubrir, para esperar.
Escondido bajo la persiana, el sol nos golpeó, nos descubrió, nos reconoció.
Fue ese encuentro el final del desencuentro.
Ese amanecer el comienzo de las noches.
Esas caricias la continuidad de los besos.
Ese deseo, intacto como siempre, la alimentación de nuestro vivir.

2 comentarios:

  1. Me emocioné.

    Gracias por compartirlo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuando la emoción sobreviene muestra la naturalidad de los hechos.

      Gracias por compartirlo, vos.
      Saludos.

      Eliminar